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Flacidez corporal: ¿Por qué se produce? ¿Cómo prevenirla? ¿Cómo tratarla?

Llamamos flacidez a la pérdida de firmeza de la piel. Con el paso del tiempo, o debido a otras causas que más adelante comentaremos, la piel pierde en parte la elastina y el colágeno y los queranocitos pierden su capacidad de anclaje de la unión entre la dermis y la epidermis. Esto provoca la disminución de la tersura de la piel. Pero la flacidez no solo afecta a la piel, también al tejido muscular debido a la pérdida de masa. 

¿Cuáles son las zonas más afectadas por la flacidez o falta de firmeza?:

  • La cara.
  • El cuello o papada.
  • La cara interior de los brazos.
  • La zona interior de los muslos.
  • El abdomen.
  • El busto.
  • Los glúteos.

Algunas de las causas que pueden provocar flacidez, tanto cutánea como muscular, además del paso del tiempo y la ley de la gravedad son:

Fotoenvejecimiento. La exposición excesiva a los rayos solares aumenta la oxidación celular, provoca la pérdida de agua y colágeno y las fibras de elastina pierden sus capacidades elásticas y de recuperación.

Tabaco. El tabaco perjudica gravemente la microcirculación sanguínea, por lo que acelera el proceso de envejecimiento de la piel.

Predisposición genética. Existen personas que por cuestiones genéticas presentan una hiperlaxitud que con el tiempo, incluso a edades tempranas, degenera en una tendencia a la flacidez superior a la normal.

Alimentación inadecuada. Dietas excesivamente pobres en proteínas pueden provocar flacidez, pues para evitar la laxitud de la piel y la musculatura son necesarios los aminoácidos que proporcionan las proteínas.

Pérdida extrema de peso. Las dietas “salvajes” que hacen perder muchos kilos en poco tiempo provocan que la piel no pueda recuperarse gradualmente y quede flácida. Eso es especialmente cierto cuando además no se realizan ejercicios adecuados junto con la dieta.

Sedentarismo. Llevar una vida poco activa, tal vez por tener que trabajar una cantidad importante de horas sentada o por falta de ejercicio, favorece la falta de tono muscular, lo que revierte en flacidez.

Embarazo. Es habitual que tras dar a luz, al reducirse de forma más o menos brusca el volumen del vientre, aparezca flacidez en el tejido cutáneo circundante.

¿Cómo puede prevenirse la flacidez? Mencionamos algunos recursos sencillos y al alcance de todos para intentar prevenirla:

Dieta equilibrada. Seguir la dieta ‘mediterránea’ de forma equilibrada te ayudará a evitar los problemas de flacidez. Consumir proteínas (carne, pescado, huevos) y legumbres, junto con frutas, verduras, arroz y lácteos ayudará a que tu piel disponga de los aminoácidos y los antioxidantes (calcio, hierro, vitaminas C, D y E) adecuados para mantenerse tersa y firme. Evita la ingesta excesiva de glúcidos. Recuerda que lo mejor es comer cinco o seis veces al día en menor cantidad. Bebe suficiente agua, sobre los dos litros diarios. Evita el exceso de sal y la comida “basura”.

Ejercicio físico. Si te es posible, acude a un gimnasio y que te preparen una tabla de ejercicios para mantener un tono muscular adecuado. La natación o la bicicleta también son buenas formas de ejercicio. Puedes combinar esto con el uso de plataformas vibratorias. Si nada de lo anterior te es posible, tal vez puedas correr durante un rato cada día o al menos andar a ritmo acelerado durante 30 minutos. También puedes hacer en tu hogar series de abdominales. Busca información sobre ejercicios concretos para partes del cuerpo específicas. Lo importante es ejercitar el cuerpo diariamente.

Cosméticos adecuados. Es bueno que utilices productos cosméticos reafirmantes. Existen productos definidos para cada zona del cuerpo. Sigue las indicaciones del laboratorio y se paciente y constante, pues, aunque no hacen milagros, han demostrado sobradamente su utilidad. Utilízalos con frecuencia y aplícalos con un masaje circular para favorecer su penetración.

En aquellos casos en que no se pueda reafirmar la piel con los medios indicados, existen otros tratamientos más invasivos que pueden resultar útiles, tales como la mesoterapia, la radiofrecuencia, el peeling médico, la electroestimulación, la electroporación, la luz pulsada intensa (IPL) o la cirugía. Pero como siempre, es mucho mejor la acción preventiva que la curativa, así que no te demores para empezar a tratar la flacidez.